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ESPECIAL ANTIEDAD

Dicen los expertos que la belleza de la piel alcanza su plenitud a los 25, y que a partir de esa edad se inicia la “decadencia”. Las arrugas irrumpen con fuerza, las manchas parecen multiplicarse, la flacidez desdibuja poco a poco el óvalo facial… dando paso a un rostro de aspecto envejecido. Pero los tiempos cambian, y hoy las pieles mayores de 50, además de ser sinónimo de madurez, son símbolo de juventud serena.

Es cierto que detener por completo el proceso de envejecimiento es una quimera, pero los últimos avances científicos no sólo han conseguido ralentizar el paso de los años, sino que incluso, son capaces de adelantarse al problema y frenar este proceso antes de que se manifieste de forma visible. Para lograrlo, las formulaciones cosméticas, la aparatología de última generación y las técnicas de medicina y cirugía estética más punteras han unido sus fuerzas con un objetivo común: cambiar el destino de la piel.

TEORÍA DE LOS TELÓMEROS, RELOJES DE JUVENTUD

La ciencia ha demostrado que los telómeros, una parte de la célula, están estrechamente implicados con el proceso de envejecimiento de todos los órganos, y entre ellos, la piel. De ahí que los expertos centren sus investigaciones en cómo lograr mantenerlos intactos o, por lo menos, frenar su deterioro. una vez establecidas las bases teóricas, conseguirlo podría ser cuestión de tiempo.

La palabra telómero procede del griego telos (final) y meros (arte). El telómero se localiza justo en los extremos de los cromosomas que se encuentran en el núcleo de las células. Allí, en el ADN, es donde están precisamente los genes, la información vital del cuerpo humano. Los telómeros están constituidos por otras unidades más cortas denominadas nucleótidos con gran contenido en timina T y guanina G, ambas imprescindibles para el ADN y el código genético. Podría decirse que los telómeros se comportan como relojes o temporizadores de la célula, definiendo el número de divisiones celulares y, posiblemente, determinando el momento de su longevidad y muerte. Ello se debe a que el ADN contenido en ellos no se replica en su totalidad durante la duplicación, ya que hay una enzima, la ADN-polimerasa, que no tiene capacidad para copiar todos los genes contenidos en los cromosomas, perdiéndose en cada mitosis una información vital de supervivencia a causa del acortamiento paulatino de los telómeros. Cuanto más cortos sen éstos, menos información albergan, y sin información muchos de los procesos de restauración corporal no se pueden realizar. Es como si nuestras células perdieran parte de su memoria.

EPIGENÉTICA, LA EDAD EMOCIONAL

La epigenética es un nuevo territorio de investigación que abarca el conjunto de los mecanismos que controlan la expresión de los genes y la síntesis de las proteínas, pero que va más allá, pues tiene en cuenta también las emociones y cómo éstas se imprimen en la piel.

En los últimos años este nuevo campo de estudio ha dado un nuevo enfoque a la tradicional cosmética antiedad. Pero… ¿qué es exactamente la epigenética? Esta disciplina científica estudia de qué manera el entorno y el modo de vida influye en los mecanismos bioquímicos que regulan los genes. Y en este sentido, los científicos han demostrado que los factores más relevantes de la epigenética están íntimamente ligados con el proceso de envejecimiento del organismo. Aunque la biología de cada piel está escrita en los genes, la personalidad de cada una se va modulando según los años. Así que sea cual sea su identidad, la historia que vive le hace ser de una manera u otra. En estas bases se sustenta la epigenética, ciencia que constata que no existe una verdad categórica, sino que la piel es “ella y sus circunstancias”.

 

Como bien se sabe, el envejecimiento no depende únicamente de los caprichos de la herencia genética, sino también de las agresiones externas y de la historia individual de cada persona. Todo deja huella: el sol, la alimentación, el tabaco, el cansancio, el estrés… pero también las emociones positivas y negativas, las alegrías y las penas, el placer y el sufrimiento… Podría decirse que la vida afectiva se lee a flor de piel. En este sentido, los científicos han descubierto que nuestra trayectoria de vida, comportamiento e incluso nuestra relación con los demás incide en nuestra apariencia y manera de envejecer.

CÓMO ENVEJECE EL ROSTRO

El Dr. Pierre Nicolau cirujano plástico y especialista en medicina estética nos traza el mapa del envejecimiento, cuyas alteraciones se hacen evidentes en la superficie cutánea, pero se fraguan, sobre todo, en las capas internas del tejido.

En su colaboración en el Especial Antiedad, el Dr. Nicolau empieza hablando de cómo la grasa subcutánea se distribuye en paquetes grasos, que dan volumen y definición a las facciones, y cómo el adelgazamiento progresivo de huesos y músculos hace que estos compartimentos se deslicen provocando la aparición de surcos y haciendo que el óvalo facial se desdibuje. También nos habla de las alteraciones en el equilibrio de fuerzas musculares, que son responsables de la aparición de líneas de expresión; del descenso en los niveles de ácido hialurónico, colágeno y elastina, que provocan la formación de las arrugas superficiales, y de los diferentes tipos de flacidez: verdadera y aparearte. A partir de aquí, el especialista detalla los tratamientos quirúrgicos y médico-estéticos mas apropiados para hacer frente a cada alteración, buscando siempre un resultado natural, que no altere el equilibrio de las facciones ni la expresividad.

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